jueves, 2 de abril de 2009

Amélie


"...31 de agosto a las 4:00 de la mañana. Amelie es sorprendida por una idea deslumbrante, se propone encontrar al propietario de la caja de recuerdos donde quiera que este y restituirle su tesoro, decide que: si él se conmueve, dedicará su vida a ayudar a los demás, sino... pues nada."

A Amelie le gusta mirar hacia atrás en el cine y ver la cara de los espectadores.
A Amelie le gusta descubrir los detalles que nadie ve.
A Amelie le gusta hundir la mano en un saco de legumbres.
A Amelie le gusta partir con la cuchara el caramelo de la crema catalana.
A Amelie le gusta hacer rebotar las piedras en el canal.
A Amelie le gusta hacerse preguntas sobre que estará haciendo la gente de la ciudad.


Amelie no es una chica como las demás. ha visto a su pez de colores deslizarse hacia las alcantarillas municipales, a su madre morir en la plaza de Notre-Dame y a su padre dedicar todo su afecto a un gnomo de jardín. Creció y se convirtió en camarera en un bar de Montmartre cuya propietaria es una antigua jinete circense. la vida de Amelie es sencilla: le gusta tirar piedras al Sena, observar a la gente y dejar volar su imaginación. De repente, a sus veintidós años, Amelie descubre su objetivo en la vida: arreglar la vida de los demás. Inventa toda clase de estrategias para intervenir, sin que se den cuenta, en la existencia de varias personas de su entorno. Entre ellas está su portera que pasa los días bebiendo vino de Oporto; Georgette, una estanquera hipocondríaca: o "el hombre de cristal", un vecino que sólo ve el mundo a través de la reproducción de un cuadro de Renoir.

- Está realizada por Jean-Pierre Jeunet y La protagonista es Audre Tautou -

Totalmente recomendada a quienes no la han visto aun.

En la foto aparece la partitura de la primera parte de "Le Moulin" (melodía de "Amélie")

"Si Dios Fuera Una Mujer"

¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.

Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.

Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.

Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.

Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.


*** Mario Benedetti ***